Durante la tarde del jueves, 19 de octubre, los integrantes del Sínodo de la Sinodalidad acompañaron al papa Francisco hasta el monumento ‘Angel Unawares’ de la plaza de San Pedro para rezar por los migrantes y refugiados de todo el mundo: una terrible realidad por la que atraviesan millones de personas en todo el mundo y que llegaba a los debates del Sínodo, instando a la Iglesia a reflexionar cómo hacerse presente ante ella.

 

Esta oración, explicaba en el briefing de ayer el cardenal Michael Czerny, prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, “pretende simbolizar el camino de la Iglesia con algunas de las personas más vulnerables de la tierra, especialmente aquellos que huyen, que se ven obligados a alejarse de su país y de su hogar”. Y es que “la armonía, la buena voluntad y el profundo intercambio experimentado en la sala del Sínodo contrastan increíblemente con la ansiedad, la inseguridad, la vulnerabilidad y la marginación de estas personas, con el terrible silencio sobre los migrantes y refugiados presentes en nuestra sociedad, que los rechaza”, aseveró el cardenal. Por ello, “la oración de esta noche es una hermosa oportunidad para poner en práctica lo que hablamos y lo que hacemos en el Sínodo”, ya que “experimentar la sinodalidad en el Sínodo significa caminar juntos hacia el monumento y orar frente a esta imagen que representa a todas esas personas que han estado huyendo desde siempre”.

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Fue, de hecho, una oración sin nombres específicos ni de países ni de pueblos concretos: “respetamos a las personas que vienen de diferentes lugares y viven diferentes tragedias, la mayoría de las cuales ni siquiera conocemos. La oración se referirá a diferentes situaciones en diferentes contextos: cuando oremos por las personas que sufren por la guerra o la injusticia, tendremos en mente a las personas que nos rodean y que se encuentran en esa terrible situación”, explicó Czerny. 

 El papel de la mujer

 La oración en la plaza de San Pedro ponía fin a las actividades de ayer, jueves. Después del encuentro de hoy, en la rueda de prensa ha participado sor Mary T. Barron, recientemente elegida presidenta de la Unión Internacional de Superioras Generales (UISG), quien ha explicado que, sobre el tema del diaconado femenino, “poco importa” lo que ella piense. “Es más importante lo que piense el sínodo. La cuestión está sobre la mesa, y en Sínodo debe discernir unido estas cuestiones”, ha explicado. Por su parte, sor Houda Fadoul, de la Iglesia greco-católica de Siria, “es más importante que un hombre o una mujer tomen conciencia de su papel respectivo en la Iglesia”, ya que en Siria las mujeres trabajamos junto con los sacerdotes y los diáconos, y es una tarea muy hermosa experiencia”. “Creo que el concepto de complementariedad es muy importante para cualquier cuestión relativa al papel de la mujer dentro de la comunidad eclesial», insistió la religiosa. “La sinodalidad no es uniformidad, es caminar juntos en nuestras respectivas culturas”, precisó Tarcisio Isao Kikuchi, arzobispo de Tokio y también participante en la rueda de prensa de este viernes.

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