Una experiencia de “sinodalidad vivida” en la que comprobar que este proceso no es “una agenda privada del Papa, sino la continuación del Concilio Vaticano II”. Así definía el teólogo de Sri Lanka Vimal Tirimanna, en la rueda de prensa que ha tenido lugar este lunes en el Vaticano para informar de las novedades del Sínodo de la Sinodalidad. De esta manera, Tirimanna aseguraba que estas reuniones se están centrando, sobre todo, en los conceptos “pueblo de Dios y bautismo desde una perspectiva circular y no piramidal”.

Precisamente estos dos términos, que unen a todos los cristianos, son el nexo común a las distintas temáticas que se han puesto sobre la mesa estas semanas. “La bendición de las parejas homosexuales no es el tema del Sínodo”, ha aclarado, en este sentido, Paolo Ruffini, prefecto del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede. “Todos somos hijos de Dios”, ha continuado, y, por ello, “la Iglesia está llamada a anunciar el Evangelio a todos, y no solo a algunos”. En este sentido, lo que se está debatiendo en el Sínodo es “el modo en que la Iglesia redescubre la comunión y logra ser inclusiva”.

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“En muchas mesas del Sínodo se escucharon heridas individuales y colectivas”, ha asegurado Patricia Murray, secretaria ejecutiva de la Unión Internacional de Superioras Generales (UISG), refiriéndose, precisamente, a la cuestión acerca de las personas LGBTQ. “Hay una profunda conciencia del sufrimiento de estas personas”. Asimismo, Tirimanna ha aseverado que “todos están incluidos en el Sínodo”, ya que “la Iglesia se dirige a todas las personas que sufren discriminación porque son víctimas, por ejemplo, de injusticias económicas, como en África y Asia, y no sólo a personas de diferentes orientaciones sexuales. En el Sínodo se hace un esfuerzo por no excluir a nadie: el desafío es crear una cultura de inclusión a través del ejercicio concreto de la sinodalidad. La inclusión es la cuestión que está más allá de cualquier duda”. “Nos une la conciencia de que todos somos hijos amados de Dios”, añadía Ruffini: “Si hay heridas, nos conciernen en el camino sinodal”. 

Otra de estas heridas a las que se ha hecho referencia este lunes surgía el pasado viernes, cuando la presidenta de la Confederación Latinoamericana de Religiosos, Gloria Liliana Franco, exponía la necesidad de que la Iglesia cree “nuevas ministerialidades” para las mujeres desde “una misma dignidad” que conlleva “la inclusión y participación en la toma de decisiones”. 

De esta manera, y sin hacer referencia directa al sacerdocio o diaconado femenino, Franco pidió a los presentes “nuevas relaciones en las que el vínculo va más allá de lo jerárquico y funcional”. “Al fondo del deseo y del imperativo de una mayor presencia y participación de las mujeres en la Iglesia no hay una ambición de poder o un sentimiento de inferioridad, tampoco una búsqueda egolátrica de reconocimiento, hay un clamor por vivir la prioridad del proyecto de Dios”, reflexionó la religiosa, subrayando que lo que subyace a ello es una llamada “a la participación y a la igual corresponsabilidad en los discernimientos en la toma de decisiones, es un deseo de servir”.

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“Conviene mirar a Jesús, aprender de él. El Evangelio da cuenta de una disposición de Jesús para ver y sentir a las mujeres, levantarlas y dignificarlas, enviarlas”, añadió. “La verdadera reforma viene del encuentro con Jesús”.

En el Sínodo de la Sinodalidad no se está debatiendo únicamente la necesidad de tomar consciencia de estas heridas que afectan a los cristianos en sus distintas realidades. También ha llegado a ponerse sobre la mesa cómo llegar a ellas. Cómo escuchar. En este sentido, la religiosa de la Pureza de María, Xiskya Valladares, compartía el trabajo hecho por los ‘misioneros digitales’ para llevar la consulta sinodal, durante los últimos dos años, a las redes sociales. “La misión digital no es un mero instrumento para llevar a cabo la evangelización, sino un espacio, un territorio, un mundo para la Iglesia, de comunión, misión y sinodalidad”, aseguraba la religiosa, el pasado viernes, ante los participantes en el Sínodo. “El ambiente digital es una cultura donde las personas pasamos gran parte de nuestras vidas, no es solo un instrumento, sino que afecta la noción del tiempo y el espacio, la percepción de uno mismo y del mundo”. “En la cultura digital encontramos hermanos que tienen que necesitan esperanza, sanar heridas, necesitan una mano, necesitan a Dios”, aseguró la religiosa, por lo que aquí “la semilla del Evangelio también tiene que ser inculturizada”.