Un Sínodo de “muchas diferencias” pero sin “luchas”. Así definía el cardenal Cristóbal López, arzobispo de Rabat, las reuniones que se han ido dando durante la celebración del Sínodo de la Sinodalidad. “Hay diferencias, pero lo que nos une es mucho más de lo que nos separa”. Lo que sí parece haber son cuestiones recurrentes y que salen a la luz cada día ante los medios de comunicación: cómo hacer una Iglesia menos autorreferencial, el papel de la mujer en ella y las bendiciones a parejas homosexuales.

 

En este sentido, el cardenal Leonardo Ulrich Steiner ha relatado su experiencia en la Amazonía, donde siempre “ha habido representación de laicos y laicas porque consideramos que es importante escuchar antes de ejercer nuestra misión”. “El Sínodo es un proceso”, ha afirmado el purpurado. “No estamos buscando soluciones, sino un camino. Está claro que tenemos que buscar soluciones cada uno en nuestras respectivas realidades, pero es interesante ver cómo todos están participando del proceso”, considerando siempre “la misión de la Iglesia: el anuncio del Reino de Dios”.

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Del mismo modo, Pablo Virgilio David, presidente de la Conferencia Episcopal de Filipinas, ha subrayado que una de las principales preocupaciones es la de “trabajar para transformar las parroquias en misiones, que los laicos se den cuenta de que tienen una corresponsabilidad, que puedan participar en la misión”.

 

“Después de todas las críticas que ha recibido el Sínodo”, ha señalado Zbigņevs Stankevičs, arzobispo de Riga (Letonia), “yo estaba convencido de que esta invitación era un aliento del Espíritu Santo”. Asimismo, ha subrayado que la tarea fundamental de esta primera fase del Sínodo “es escuchar a todos, no solo a los católicos, sino al conjunto de los cristianos, a representantes de otras religiones, y también a quienes viven en los márgenes”. Y, también, entender “cómo podemos hacer real el reino de Dios en un mundo que ha cambiado mucho en los últimos años”. “La clave de todo esto está en la tarea que nos dejó el Concilio Vaticano II: cómo despertar al gigante, cómo cumplir con la tarea de la corresponsable de la labor evangelizadora de la Iglesia. Y esto es un enorme desafío que nace de la formación de obispos y sacerdotes”.

 

“Por otro lado”, ha continuado Stankevičs, en estas sesiones “hemos hablado mucho de las mujeres y su papel”. “Conscientes de que la mujer está llamada a la maternidad, no solo física sino espiritual”, ha señalado, “la mujer no debería competir sino complementarse con el hombre”. Por ello, el obispo de Riga se ha mostrado partidario de dar a la mujer “un mayor lugar sin tocar lo que dice el evangelio y la tradición de la Iglesia”.

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Además, Stankevičs ha señalado, en cuanto a las uniones homosexuales, que “la tendencia homosexual como tal no es pecado, pero debe considerarse pecado si las personas entablan relaciones sexuales entre sí”. Algo que, tal como ha remarcado, “no se aplica solo a los homosexuales: para todos, las relaciones sexuales fuera del matrimonio son pecado. Todos estamos llamados a la castidad, el Catecismo de la Iglesia Católica es muy claro». Por ello, “si un homosexual viene como persona individual, diciendo que le gustaría vivir en la gracia de Dios, no veo ninguna contraindicación en orar por él y ayudarlo con una bendición. Si llegan dos personas homosexuales que dicen querer vivir en castidad, puedes orar por ellos e incluso bendecirlos para ayudarlos a vivir en castidad”. También Pablo Virgilio David ha expresado este miércoles su visión sobre el tema, denunciando «la tendencia a juzgar a las personas homosexuales”. “En Filipinas”, ha dicho, “existe la misma palabra para hombre y mujer, todos somos hijos de Dios. Debemos abandonar la tendencia a discriminar a las personas debido a su orientación sexual».