Desde el anuncio de su celebración, el Sínodo de la Sinodalidad no ha despertado pocas cuestiones. Sobre todo, acerca de un factor que parece evidente, pero que no lo es tanto: ¿qué significa para el papa Francisco la sinodalidad?

La palabra ‘sínodo’, etimológicamente, procede de los términos griegos ‘syn’, que significa “juntos” y ‘hodos’, que quiere decir “camino”. De esta manera, podría decirse que esta palabra quiere expresar el deseo de “caminar juntos”. Y, para el papa Francisco, este es precisamente el modelo de Iglesia que “el Señor quiere” para el tercer milenio. 

Fue hace ya varios años, en la ‘Praedicate Evangelium’, cuando el Papa hace referencia a esta palabra de forma más explícita, ya que en ella apunta que “la vida de comunión da a la Iglesia el rostro de la sinodalidad, es decir, de una Iglesia de la escucha recíproca en la cual cada uno tiene algo que aprender”. “Pueblo fiel, colegio episcopal, obispo de Roma: uno a la escucha de los otros y todos a la escucha del Espíritu Santo para conocer lo que Él dice a las Iglesias”, escribe Francisco.

De esta manera, la sinodalidad en la Iglesia, tal como la sueña el Papa, debe entenderse –tal como señaló en su discurso con motivo del 50 aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos, en 2015– como “el caminar juntos de la grey de Dios por los senderos de la historia que sale al encuentro de Cristo el Señor”. Y añadió: “Estoy convencido de que, en una Iglesia sinodal, también el ejercicio del primado petrino podrá recibir mayor luz. El Papa no está, por sí mismo, por encima de la Iglesia; sino dentro de ella como bautizado entre los bautizados y dentro del Colegio episcopal como obispo entre los obispos, llamado a la vez –como Sucesor del apóstol Pedro– a guiar a la Iglesia de Roma”.

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Asimismo, el Papa no olvida que la sinodalidad tiene una importante vertiente ecuménica: “El compromiso de edificar una Iglesia sinodal —misión a la cual todos estamos llamados, cada uno en el papel que el Señor le confía— está grávido de implicaciones ecuménicas”, declaraba. Ya entonces, de hecho, señalaba que, por esta razón, “hablando con una Delegación del Patriarcado de Constantinopla, he reiterado recientemente la convicción de que ‘el atento examen sobre cómo se articulan en la vida de la Iglesia el principio de la sinodalidad y el servicio de quien preside ofrecerá una aportación significativa al progreso de las relaciones entre nuestras Iglesias’”. 

“Nuestra mirada se extiende también a la humanidad”, finalizó el Papa, aseverando que “una Iglesia sinodal es como un estandarte alzado entre las naciones”, sobre todo en un mundo que “aun invocando participación, solidaridad y la transparencia en la administración de lo público, a menudo entrega el destino de poblaciones enteras en manos codiciosas de pequeños grupos de poder”. Por ello, Francisco señaló que “como Iglesia que ‘camina junto’ a los hombres” y que es “partícipe de las dificultades de la historia”, se ha de cultivar “el sueño de que el redescubrimiento de la dignidad inviolable de los pueblos y de la función de servicio de la autoridad podrán ayudar a la sociedad civil a edificarse en la justicia y la fraternidad, fomentando un mundo más bello y más digno del hombre para las generaciones que vendrán después de nosotros”.

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