Una de las críticas, o, al menos, una de las objeciones que se ha puesto al Sínodo de la Sinodalidad es la que nace de la sospecha de un deseo de uniformidad. Pero la Iglesia alberga tantos rostros y tantas realidades como lugares habita, y así lo ha hecho saber el arzobispo de Tokio, Tarciso Isao Kikuchi, en su intervención ante los medios convocados en el Vaticano para la rueda de prensa diaria del Sínodo. “La sinodalidad no es uniformidad, es caminar juntos en nuestras respectivas culturas”, afirmaba el prelado. 

Opinión compartida por Mary T. Barron, presidenta de la Unión Internacional de Superioras Generales (UISG), quien, refiriéndose al tema del diaconado femenino subrayaba que no importa tanto “lo que yo piense, es más importante lo que piense el Sínodo”. Y es que esta, junto a otras cuestiones, “está sobre la mesa, el Sínodo debe discernir juntos sobre estas cuestiones”.

Del mismo modo, el cardenal Christoph Schönborn, arzobispo de Viena, ha reconocido que la “mayor impresión” que se lleva del Sínodo es que “Europa ya no es el centro principal de la Iglesia”, sino que hay otros, como “América Latina, África, Asia y las Conferencias Continentales”. Asimismo, Schönborn ha asegurado que esta Asamblea ha sido la que “mejor” ha experimentado, tanto por “metodología como por ejecución”, y, en cuanto al resultado de esta nueva etapa, el cardenal ha recordado una cita que escuchó al final el Concilio Vaticano II: “Si de este Concilio no surge un aumento de la fe, de la esperanza y de la caridad, todo el Concilio ha sido en vano”. “Yo diría lo mismo de este Sínodo”, ha asegurado Schönborn.

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 “La Iglesia es comunión, la sinodalidad es el modo de vivir la comunión”, continuó el cardenal, para quien es necesario “repensar la gran visión de la Iglesia de Lumen Gentium, donde hablamos primero de la Iglesia como misterio, luego de la Iglesia como pueblo de Dios y solo después de la constitución jerárquica de la Iglesia y del papel de los laicos y de los consagrados”. En este sentido, “la visión de la sinodalidad es caminar juntos, es la vida de la ‘communio’ eclesial. En la base de todo esto está el bautismo”. 

 

Por otro lado, el purpurado ha subrayado como fundamental algo que “siempre han experimentado las Iglesias orientales”, y es que “la sinodalidad sin liturgia no existe”, ya que “el corazón de la sinodalidad es la asamblea de los fieles, que no es un lugar de discusión sino de celebración común. Tener la liturgia en el corazón significa celebrar la fe antes de discutirla”.

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